Este es el sonido de la felicidad.
En un jueves cualquiera a las 11:00 de la mañana, la Bodega El Picadero hierve de gente, en una callejuela perdida de Sevilla. Van algunos trajeados de oficina, haciendo una pausa en el día para mezclarse con los jubilados y jóvenes, de estilo más informal.
Todos sin falta con un vaso al frente, cerveza o vino, y los dedos rascando el borde de un platito de aceitunas mientras charlan distendidos y saludan a los que llegan.
No te creas a ciegas el discurso de los locos por la productividad y la competencia permanente. Es el discurso del adicto, su único mundo y su zona de confort. Es SU juego, donde juegan con ventaja.
La verdadera felicidad no está en lograr tachar 2 items más de una lista. Se trata de pescar la última aceituna del plato, mano a mano con un amigo que te diga “Je, total yo no la quería”.